Qué revisar antes de rediseñar la página web de tu negocio
Sitios webEl rediseño casi siempre nace de la misma frase: "ya se ve viejita nuestra página". Es un diagnóstico estético para un problema que casi nunca es estético. Se contrata a alguien, se hace un sitio nuevo y bonito, se publica con entusiasmo, y tres meses después llegan los mismos clientes de siempre por los mismos canales de siempre. El dinero se gastó y el problema real ni se tocó.
Lo primero: para qué existe tu sitio
Antes de hablar de colores, hay que contestar una pregunta que suena básica y que sorprendentemente casi nadie tiene resuelta: ¿qué quieres que haga la persona que entra? ¿Que te escriba por WhatsApp? ¿Que agende una llamada? ¿Que pida una cotización? ¿Que compre directo? Un sitio que quiere las cuatro cosas al mismo tiempo no logra ninguna, porque el visitante no sabe qué se espera de él.
Si no puedes decir en una frase cuál es la acción principal de tu sitio, el rediseño va a fallar aunque quede precioso. Ese es el trabajo previo, y no lo puede hacer el diseñador: lo tienes que hacer tú, que conoces cómo se vende realmente en tu negocio.
Las cinco cosas que hay que medir antes
- Cuánta gente entra al mes y de dónde viene: Google, redes, anuncios pagados o gente que ya te conocía.
- Cuántos de esos visitantes hacen la acción principal, en porcentaje, no en número absoluto.
- Qué páginas son las más visitadas y cuáles no las abre nadie, porque eso te dice qué sobra.
- Cuánto tarda en cargar el sitio en celular, con datos móviles y no con el wifi de la oficina.
- Con qué palabras te encuentra la gente hoy en Google, si es que te encuentra.
Esos cinco datos se sacan gratis con las herramientas de analítica y de búsqueda que ya existen, y cambian por completo la conversación con quien vaya a hacer el rediseño. Con esos números en la mano, la conversación deja de ser sobre gustos y pasa a ser sobre qué hay que arreglar. Sin ellos, todo el proyecto se decide por opiniones, y en las opiniones siempre gana la del que paga aunque no sea la que vende más.
Un rediseño sin datos previos no es una mejora. Es cambiar de problema y esperar que el nuevo sea más simpático.
Lo que casi siempre resulta ser el problema real
Cuando se hace ese diagnóstico, el hallazgo suele ser uno de tres. El primero: llega gente pero el sitio no explica con claridad qué vendes ni para quién es, así que el visitante se va en quince segundos. El segundo: el sitio está bien pero no llega nadie, y entonces el problema es de posicionamiento y de contenido, no de diseño. El tercero: llega gente, entiende, quiere contactarte, y el formulario o el botón de WhatsApp está escondido, roto o manda a un número que ya nadie revisa.
Los tres se arreglan, pero se arreglan distinto. Solo el primero necesita realmente un rediseño. El segundo necesita trabajo de contenido y de búsqueda durante varios meses. El tercero se resuelve en una tarde y es, con mucho, el que más dinero recupera por peso invertido.
Cómo aprovechar el rediseño si de todos modos toca
Hay casos donde el sitio nuevo sí se justifica: cuando está hecho en una tecnología que ya no se puede actualizar, cuando no funciona bien en celular, cuando carga lentísimo, o cuando el negocio cambió tanto que el sitio ya cuenta una historia que no es la tuya. Si es tu caso, aprovecha para hacerlo bien de origen: un sitio web pensado desde el principio para cargar rápido, verse bien en celular y estar preparado para que Google lo entienda, en lugar de uno bonito al que después haya que remendarle todo eso.
Y guarda tus números de antes. Es la única forma de saber, seis meses después, si el rediseño sirvió de algo o si nada más se ve mejor. Esa comparación es lo que separa una inversión de un gasto, y es también lo que te va a dar argumentos la próxima vez que alguien diga que la página ya se ve viejita.
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